jueves, 26 de marzo de 2015

¿Por qué comemos tan mal?

Es muy frecuente encontrarnos con pacientes con muy malos hábitos alimentarios, que sin embargo creen que comen relativamente sano y en poca cantidad, y no entienden por qué fueron acumulando kilos en los últimos años. Muchas de esas malas costumbres están generalizadas en la población argentina. ¿Cuáles son?


Una muy común: saltear el desayuno, muchas veces por ignorar la importancia de esta comida, especialmente para los niños. El desayuno repone nutrientes y energía necesarios para comenzar un nuevo día y contribuye a prevenir la obesidad, pues evitamos así la tendencia al picoteo durante el día combinado con una ingesta excesiva en la cena, una rutina negativa bastante habitual entre los argentinos. Un desayuno saludable debe contener leche, yogur o quesos descremados y cereales o derivados, es decir, copos o avena, pan integral, frutas o jugos de frutas.

• Otro error es no incluir una amplia variedad de hortalizas y frutas en nuestra dieta. Las hortalizas y frutas frescas, de todos los colores, son fuente de vitaminas, antioxidantes, ácido fólico (especialmente las de color verde oscuro), minerales, fibra y fitoquímicos. Consumir como mínimo cinco porciones de hortalizas y frutas variadas a diario ayuda a prevenir enfermedades crónicas como el cáncer, la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial y los problemas cardíacos, el colesterol alto en sangre, la osteoporosis, el estreñimiento y la diverticulosis.

• Entre los malos hábitos también se encuentra el de comer poco pescado (o directamente nada), sobre todo por una cuestión cultural. Sus ácidos grasos omega-3 actúan aumentando las defensas y la fluidez de la sangre, disminuyendo los procesos inflamatorios y los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre; por ende, protege contra enfermedades cardio y cerebrovasculares. Se aconseja consumir como mínimo dos veces por semana una porción mediana. Lo podemos preparar al horno, a la parrilla, a la plancha, al vapor, o bien, enlatado al natural.

• Finalmente, otra costumbre errónea y extendida es el de dejar de consumir lácteos después de la adolescencia, creyendo que el calcio que nos proporcionan ya no es necesario para el mantenimiento del sistema óseo. Las mejores fuentes alimentarias de calcio son la leche, el yogur y los quesos, aunque hay otros alimentos de origen vegetal que lo contienen, como las legumbres, especialmente la soja, las frutas secas, semillas y las hortalizas de color verde intenso, aunque no es de la misma calidad.


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