domingo, 12 de abril de 2015

Condenado a 2 años de cárcel por leer el correo privado de un empleado

Sospechaba que estaba contactando con sus clientes para llevárselos a una nueva empresa que estaba fundando en compañía de un exempleado, así que espió, durante diez días, su correo. 

El Juzgado de lo Penal número 1 de Gijón condenó a J. M. M. A., director regional de una empresa naviera que opera en El Musel, a dos años de cárcel y una multa de 6.480 euros por un delito de descubrimiento de secretos. El acusado deberá además indemnizar al denunciante con mil euros en concepto de daños morales.

Los hechos se remontan a otoño de 2009, concretamente al 30 de septiembre, cuando el consejero delegado de la empresa ordenó que se redireccionase el correo del denunciante a la dirección del acusado sin que el primero tuviese conocimiento de dicha decisión. Seis días después, el denunciante pidió la baja laboral alegando que se sentía «presionado» por parte de J. M. M. A. para trasladarse a trabajar fuera de Asturias, a lo que él se negaba. Fue en ese momento cuando, advertido por unos amigos que le habían mandado varios correos electrónicos y habían recibido la confirmación de que habían sido leídos desde la dirección del acusado, descubrió que alguien más estaba leyendo su correspondencia privada.

Sus sospechas se confirmaron cuando su jefe, como medida de presión para que aceptase el trabajo fuera de la comunidad, le recordó que «tenía que pagar un piso que acababa de comprar», cosa que solo podía saber, señaló el afectado, tras haber leído un correo que el banco le envió días antes. Es entonces cuando la víctima, despedida el 13 de octubre de ese mismo año -el despido sería declarado nulo con posterioridad-, decidió denunciar una situación que calificó como «una campaña de acoso» para descubrir sus secretos y vulnerar su intimidad sin consentimiento.

El acusado, por su parte, negó haber leído la correspondencia privada de su empleado y alegó que «al pasar por encima del correo con el puntero éste aparece como abierto». El correo se redireccionó, apuntó, porque «era política de empresa que cuando se estaba de baja, de vacaciones o en situaciones especiales se redireccionase el correo, pues no se pueden dejar barcos sin atracar o documentación sin presentar a la administración».

«Acto de represalia»
Sin embargo, la realidad resultó ser distinta pues, como reconoció el propio acusado, «existían fundadas sospechas en la empresa de que el denunciante estaba creando una empresa paralela, junto a otro exempleado, y a tal efecto estaban contactando deslealmente con clientes para captarlos para su nuevo proyecto».

En la sentencia, el magistrado señala que «el despido del denunciante fue un acto de represalia» y considera que «el acusado sabía que actuando de esa forma invadía la intimidad del trabajador». Asimismo, el magistrado recalca que el empresario no tiene potestad para llevar a cabo, bajo el pretexto de vigilar y controlar que el trabajador está cumpliendo con sus obligaciones, intromisiones ilegítimas en la intimidad de sus empleados en los centros de trabajo.


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